HISTORIA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA SACRA DE BOGOTÁ 2012-2018

HISTORIA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA SACRA DE BOGOTÁ 2012-2018
(2 de agosto de 2018)

Imagen-FIMSB

HISTORIA DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA SACRA DE BOGOTÁ 2012-2018

“El lema del Festival ‘La música nos une’, es una idea afortunada en estos tiempos, cuando en Colombia necesitamos construir la unión entre todos para alcanzar la reconciliación y la paz”, subrayó el Cardenal Rubén Salazar sobre el Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, del cual él es miembro activo como Presidente del Patronato.

Durante los últimos siete años, este Festival se ha convertido en un espacio de espiritualidad en Bogotá, que ha revigorizado lo divino y lo sagrado desde la música, promoviendo el diálogo interreligioso y la reconciliación. Elementos fundamentales en una Colombia que busca construir su propio camino de paz y perdón.

En 2012, Marianna Piotrowska tuvo la idea de darle vida a un festival que reuniera dichos elementos. Pero, en los albores del Siglo XXI, donde lo sagrado parece estar subordinado a factores terrenales, materialistas y perecederos, muchos no veían factible un Festival que durante cuatro días celebrara la música sacra. Pero la fe no solamente movió montañas, sino que unificó esfuerzos, inspiró colaboraciones y convenció al público y a los artistas de que a través de la música sacra, se podría concebir un punto de reflexión que permitiera romper barreras.

La primera edición contó con la organización de 19 conciertos repartidos en cuatro días que fueron disfrutados por 2.000 personas. El debut del Festival celebraba los 50 años del Concilio Vaticano II, concilio ecuménico cuyo principal objetivo consistía en aggiornamento de la Iglesia, entre otros, lograr el acercamiento de las religiones. Así fue como, desde el principio, el mensaje de integración, el respeto a la diversidad de creencias, y la invitación a conocer las diferentes tradiciones culturales y espirituales del mundo a través de las músicas sagradas, marcó la pauta de este Festival. Desde el primer momento, el apoyo de su Eminencia el Cardenal Rubén Salazar, la Arquidiócesis de Bogotá y la Conferencia Episcopal de Colombia, fue absoluto. La música sacra es universal y el Festival también apuntó a eso. Fue un primer paso importante, donde los organizadores ganaron legitimidad y la escena cultural en Colombia vio nacer un nuevo espacio de exploración artística.

La segunda versión, bajo el lema La Reconciliación, creció con arraigo, tanto que fueron necesarios 16 días para programar a los más de 250 artistas en 23 conciertos a lo largo de cuatro localidades de Bogotá. Fueron músicas sagradas de 11 países los que estuvieron presentes en esta edición: Cuba, España, Polonia, Israel, Turquía, India, México, Italia, Alemania, Japón y Colombia.  En esta oportunidad, de 2.000 se elevó el número a 10.000 espectadores que disfrutaron de esta edición la cual contó, como invitado de honor, con el director y compositor cubano José María Vitier quien estrenó en Colombia la Misa a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de los cubanos, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. El FIMSB se había ganado un lugar en el mapa cultural del país y el futuro sólo guardaba más sorpresas.

“Un evento del más alto nivel artístico, capaz de aglutinar a artistas y público en el convencimiento de la importancia que tiene en la vida, la política y el desarrollo de un país, el crecimiento espiritual de su pueblo” José María Vitier, compositor (Cuba).

En 2014, la tercera edición, El Perdón  fue un punto de reflexión bajo un eje central: pedir perdón, perdonarnos y perdonar a través de la música. Ese año, un hecho histórico se dio en el marco del Festival: El Patriarcado de Moscú envió una delegación encabezada por el Archimandrita Tijón Shevkunov y el Coro del Monasterio de Sretensky de Moscú, estableciendo, por primera vez en la historia, un encuentro oficial entre la Iglesia Ortodoxa rusa y la Iglesia Católica colombiana. Música sagrada de Mongolia, música góspel, Himnos luteranos, música sagrada del Japón, música devocional del norte de la India, música  sacra del Renacimiento y del Barroco, música coral del S. XX, música litúrgica judía, fueron algunas de las propuestas. En el 2014, 550 artistas fueron los protagonistas de 30 conciertos, y 13.000 asistentes disfrutaron esta tercera edición.

“Nos han recordado que el ser humano, más allá de sus diferencias, tiene un respeto esencial por lo sagrado, por lo espiritual. Eso es lo que queremos y lo que necesitamos en Colombia. Que convivamos en tolerancia y que nos respetemos las diferencias. Que nos unamos en los valores fundamentales de la vida, de la libertad y de la paz; este es el verdadero mensaje de este festival. Gracias por hacer de la música una mensajera de la paz”.  Juan Manuel Santos, Expresidente de la República de Colombia.

La cuarta versión se construyó alrededor de un valor fundamental Paz. Durante 26 días, en 8 localidades de Bogotá y ante más de 18.000 personas. Cada concierto tuvo una intención, una vela que fue encendida en nombre de la paz: paz entre las religiones, paz entre las familias, paz entre pueblos, por los derechos humanos, por las víctimas del conflicto, por la paz del país, entre otros. Esta fue la primera vez que el Festival realizaba una co-producción internacional y lo hizo de la mano del Centro Nacional de Difusión Musical de España. Fueron 9 conciertos con artistas de primera línea quieres  representaron la idea de la música de idas y vueltas, músicas de ambos lados del Atlántico en la época de la colonia.   “Para nosotros, que vivimos en un país con tantos puntos en común con el vuestro, es muy importante acudir a un certamen de esta naturaleza, con el fin de reivindicar y recrear un espacio de convivencia entre las culturas entrelazadas de los dos continentes: Europa y América”, destacó Antonio Moral, Director del CNDM de España. El invitado de honor de esta cuarta versión fue el Maestro Jordi Savall, reconocido mundialmente como uno de los mejores intérpretes e investigadores de la música antigua en el mundo y proclamado, en 2009, Artista para la Paz por la UNESCO.

“Misericordia” fue el eje central de la quinta edición que contó con la participación, como invitado de honor, del Maestro Maestro K. Penderecki, reconocido como el compositor vivo de música clásica más importante del mundo quien dirigió la Orquesta Filarmónica de Bogotá con obras sacras de su autoría. Fueron 50 eventos para 25.000 personas, del 8 de septiembre al 2 de octubre de 2016, donde cerca de 700 artistas de diferentes continentes se presentaron en 10 localidades de Bogotá y en 30 emblemáticos escenarios de la capital colombiana.  Polonia, Lituania, Estados Unidos, España, Francia, Corea del Sur, Argentina, México, Israel, Sudáfrica y Colombia, fueron los países invitados de esta quinta edición.

“Bogotá tenía los escenarios propicios: La Iglesia Santa Clara, la Catedral Primada, La Capilla del Sagrario, La Iglesia de San Ignacio, el Seminario Mayor, la Biblioteca Luis Ángel Arango. Y con sus órganos antiguos, en varios recintos, Bogotá estaba lista para ser sede de un festival de música sacra. Solamente, nos faltaba la voluntad de Marianna, su talento, y su perseverancia para lograrlo. Un Festival que se posicionó como un ícono cultural y turístico de la ciudad.  Jean Claude Bessudo.

Para septiembre de 2017, un hecho histórico en Colombia se desarrolló al tiempo que la sexta edición del Festival cuyo tema central fue “Fraternidad”: la primera visita del Santo Padre Francisco a nuestro país. El Festival fue el evento cultural que ambientó de espiritualidad a través de la música, la venida del Santo Pontífice a Bogotá. Por segundo año consecutivo, la inauguración del Festival estuvo a cargo del reconocido director polaco Kryzyztof Penderecki, dirigiendo la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara de Bogotá. Con este evento se celebró también la reapertura de la Iglesia San Ignacio, después de 13 años en restauración. Del 5 de septiembre al 1 de octubre de 2017, 739 artistas de 20 países se reunieron en Bogotá, entre ellos, el Ensamble de la Schola Cantorum Basiliensis de Suiza, La Orquesta Sinfónica EAFIT,  el laudista Hopkinson Smith, el ensamble español Música Ficta, el organista de la Bisílica de la Sagrada Familia  Juan de la Rubia, y el Coro Romanos Melodos de la Santa Metrópolis de Limasol (Chipre), uno de los más importantes intérpretes de villancicos de Chipre y Grecia.

“La música maneja unos niveles de conciencia que, a veces, ni la palabra ni la prédica, logran”. Alfredo Goldschmidt, Gran Rabino de Bogotá.

Cada mes de septiembre, desde hace siete años, los jerarcas de las diferentes confesiones religiosas de Colombia se reúnen en actitud ecuménica, respetuosa y espiritual para mostrarle al mundo que se puede vivir en fraternidad y armonía. El mensaje de reconciliación del Festival ha brillado durante todas sus ediciones desde Bogotá hacia Colombia, y desde Colombia hacia el mundo.

“La exitosa iniciativa de Marianna Piotrowska hace unos años, nos pareció audaz, difícil de financiar y que podría contar con una lánguida respuesta por parte de las autoridades y del público en general. Sin embargo, contra todo pronóstico adverso y gracias a su tenacidad, la dulzura, la convicción como explica su proyecto y su inmensa, pero discreta fe en Dios, el Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, es hoy por hoy, uno de los eventos culturales más importantes de la capital del país y con un público en sorprendente aumento, año tras año”, recalcó la exministra de Cultura y miembro del Patronato del Festival, Elvira Cuervo de Jaramillo.

Esta gestión, indiscutiblemente, ha sido un logro trabajado y compartido con los miembros de la Junta Directiva de la Corporación Cultural InterColombia, del Patronato del Festival, los miembros del Comité Artístico, y el equipo del Festival, quienes con su apoyo, sus consejos y gestiones, hacen de esta iniciativa una de las propuestas culturales más destacadas del país.

“Cuando nos enteramos acerca de realizar un festival de música sacra en Bogotá, en principio nos pareció algo diferente y, ciertamente muy importante, pero sin antecedentes en nuestro medio. Sin embargo, todos hemos aprendido con los primeros festivales sobre sobre su extraordinaria riqueza y cómo la música sacra no es exclusivamente de religiones sino de pueblos, siendo una manifestación muy rica y llena de tradición. Cada festival que se haga en este ámbito de la cultura universal nos enriquecerá más y nos permitirá apreciar cómo los pueblos y naciones valoran esta música que evoca lo espiritual y trascendental”, reafirmó Jorge Cárdenas Gutiérrez.

Una trayectoria que se convierte ya en ejemplo, inspiración y referente en la escena cultural de Colombia y el mundo. La música sacra ha recobrado vida en Bogotá y ha generado eco a su alrededor. Un encuentro que sobrepasa las fronteras religiosas para iluminar la divinidad que esconde cada persona en su espíritu.

 

Por Miguel Santacoloma.